
El mercado inmobiliario se flexibiliza y adapta a los nuevos modelos de familia
En la Ciudad de Buenos Aires, el concepto de familia tipo dejó de ser una referencia clave para el mercado inmobiliario. La demanda actual refleja un cambio social más profundo: crecen los hogares unipersonales, las parejas sin hijos y las nuevas configuraciones familiares que redefinen la forma de habitar.
En este contexto, el mercado se vuelca principalmente a unidades de dos y tres ambientes, pero con una lógica distinta a la de años anteriores. La arquitectura empieza a adaptarse con propuestas más eficientes donde cada metro cuadrado cumple una función particular. La superficie pierde protagonismo frente a la funcionalidad: espacios integrados, layouts flexibles, buena iluminación natural y circulaciones optimizadas son fundamentales.
Practicidad para la vida cotidiana
A esto se suma una demanda relacionada con la cercanía, es decir, con desarrollos ubicados en zonas que permitan resolver la vida cotidiana con practicidad. En paralelo, la tecnología y la conectividad dejaron de ser un diferencial para convertirse en una condición básica. La vivienda ya no es solo un espacio doméstico, sino un lugar de trabajo y de permanencia prolongada.
En ese sentido, los amenities pasaron a ocupar un lugar central en el diseño de los proyectos. Espacios de coworking, salón de usos múltiples y gimnasio son ahora parte integral de la oferta. Los dos ambientes tienen 45 m² y los tres ambientes, entre 65 y 75 m².
El impacto en la rentabilidad
Este modelo convive con un escenario económico desafiante. El costo de construcción en dólares se mantiene elevado, pero registra un cambio estructural: hoy el mayor peso se encuentra en la mano de obra. Al mismo tiempo, los materiales muestran mayor disponibilidad y competencia de precios en un mercado con menor nivel de actividad.
El principal desajuste se observa entre costos y precios de venta. Mientras construir se encareció significativamente, los valores de las unidades residenciales aumentaron de forma moderada, entre un 5% y un 8%, reflejando una demanda contenida. Sin dudas, esta brecha impacta en la rentabilidad y a la vez frena el desarrollo de nuevos proyectos.
La reactivación del crédito aparece como clave para revertir esta dinámica. Sin planes de financiamiento, el acceso a la vivienda es limitado. Si la inflación logra estabilizarse, podría haber un equilibrio entre oferta y demanda.
Para desarrolladores y arquitectos, el desafío es claro: es necesario interpretar las nuevas formas de habitar en un contexto económico complejo. El mercado obliga a repensar tanto el diseño como el negocio.
Fuente: Martín Piantoni

