
Piletas como las de Gran Hermano: el amenity clave de los nuevos proyectos en CABA
En el mercado inmobiliario hay una constante búsqueda por innovar con el objetivo de captar a un público cada vez más exigente. Además, ofrece edificios con identidad propia donde los amenities, como la pileta de natación, ocupan un rol importante.
Tradicionalmente, las piletas de los edificios residenciales cumplían una función meramente utilitaria: un rectángulo de agua para refrescarse. Los nuevos desarrollos, en tanto, están apostando a propuestas más sofisticadas. El objetivo ya no es solo nadar, sino crear una experiencia sensorial que remita a entornos naturales como lagos o playas. Por eso aparecen diseños como los que se ven en la casa de Gran Hermano Generación Dorada. Son símil playa: parece que tuvieran bordes de arena, pero en realidad se trata de un material de cuarzo.
Vivir en un edificio con piscina, espacios verdes y áreas comunes bien diseñadas no es solo estética. “Es tener parque y piscina sin ocuparse del jardinero, del mantenimiento o de la seguridad. Es acceder a una calidad de vida que en una casa implica costos y gestión más altos. En un edificio, sin dudas, se comparte entre todos los propietarios”, expresa Ignacio Carpanelli.
Uno de los socios de la desarrolladora Gewin asegura que “la piscina dejó de ser un lujo aspiracional para transformarse en parte de la experiencia cotidiana. Es el lugar donde los chicos juegan dentro de un entorno seguro, donde se puede bajar un rato después de trabajar y desconectar. Es, en definitiva, una extensión del propio departamento.”
Cuando uno compara un departamento usado con un proyecto nuevo, muchas veces está comparando solo metros cuadrados. “En realidad está comparando conceptos de vida distintos. En los desarrollos actuales, la piscina no es un agregado decorativo: es una decisión de diseño pensada para acompañar la forma que se quiere vivir”, sostiene el desarrollador.
El proyecto Wayra, que Gewin desarrolla en Nuñez, busca que la pileta se traslade al diseño del edificio. Esta decisión tiene una doble intención: por un lado, romper con la rigidez geométrica y, por otro, ofrecer una impronta aérea atractiva. En tiempos donde la perspectiva desde los departamentos superiores es fundamental, la pileta se diseña como una pieza de arte.
Actualmente en construcción, Wayra comercializa departamentos desde US$ 4000 el m2, con opciones desde US$ 469 mil, para un tres ambientes. Ya se vendió un 80% y hay tipologías de dos a cinco ambientes de 60 a 211 m2 y un penthouse de 450 m2.
En tanto, el concepto de efecto playa se aleja del clásico salto al agua. La estructura de estas piletas suele partir de un núcleo rectangular profundo –ideal para quienes desean practicar natación–, pero se expande hacia los laterales con las denominadas “orejas”. Estas zonas de baja profundidad permiten un ingreso gradual al agua, simulando la orilla del mar.
Hace 10 años, Concepción Palermo pensó a la piscina como eje del edificio. La visibilidad que Gran Hermano le da a estas piletas genera tendencia, sin embargo, hay un edificio que ya había implementado esta propuesta. Se trata del edificio Concepción Palermo, ubicado en la manzana delimitada por Concepción Arenal, Zapiola, Conesa y Santos Dumont, a pasos de Palermo Hollywood.
“Más que una tendencia, hay un cambio estructural en la manera de vivir en la ciudad. Las personas ya no buscan solo metros cuadrados sino calidad en su vida diaria. Concepción no nació como un ‘edificio con amenities’, sino como un sistema integral pensado para simplificar la vida cotidiana”, indican Tamara Goldfarb y Gabriel Lubelski, socios de Avalon Consulting Group, desarrolladora de Concepción.
En Concepción Palermo, la piscina con playa se ubica alrededor de los edificios. Desde el inicio del proyecto, entre 2016 y 2017, se pensó en integrar trabajo, bienestar, deporte y encuentro dentro de una misma manzana. “Además, pensamos la piscina como el corazón del edificio porque tenía un alto potencial. Era una oportunidad para aportar calidad, por eso se diseñó como organizador del conjunto, como una plaza alrededor de la cual gira el edificio”, explica Tamara Goldfarb.
La desarrolladora recuerda que “evaluamos materiales poco convencionales, con terminación que simulaba arena solidificada. Sin embargo, en un contexto de desabastecimiento que vivía el país en ese momento, la disponibilidad era escasa. Por eso, optamos por travertino turco, que fue superado en calidad, durabilidad y terminación. Cada pieza fue colocada con precisión para lograr el efecto de espejo”.
El edificio tiene ocupación plena y un mercado locativo muy dinámico. Hay una demanda sostenida de personas que quieren vivir por la experiencia que ofrece el proyecto. El precio promedio de reventa ronda los US$ 5500 el m2, con unidades desde US$ 240 mil, incluyendo cochera. En tipologías hay desde monoambientes hasta penthouses.
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