
La Fascinante Historia del Pueblo de Pescadores que Terminó Convertido en la Segunda Ciudad del Mundo con Más Rascacielos
Hoy, Benidorm es la segunda ciudad del mundo con más rascacielos por habitante, solo detrás de Nueva York. Este pequeño pueblo pesquero, ubicado en la costa de Alicante, España, ha transformado su suerte desde los años 50, cuando contaba con apenas 3,500 habitantes.
El auge del turismo en Benidorm comenzó en los años 60, cuando sus líderes locales vieron en el turismo una oportunidad para revitalizar la economía. Con más de 80 edificios de más de 100 metros de altura, la ciudad se ha convertido en uno de los destinos turísticos más importantes de España, atrayendo a millones de visitantes al año.
El secreto de su éxito radica en medidas innovadoras que tomaron los responsables locales. Uno de los hitos más controvertidos fue la decisión del alcalde Pedro Zaragoza de permitir el uso del bikini en las playas, una medida que escandalizó a muchos en aquel entonces. “Si quieres que la gente venga a tu pueblo para pasar sus vacaciones, debes estar preparado para acomodarlos a ellos y a sus culturas”, afirmaba Zaragoza.
Benidorm se convirtió en un símbolo del modelo turístico español, que, aunque ha sido exitoso, enfrenta desafíos significativos. La ciudad debe gestionar el equilibrio entre el turismo masivo y la calidad de vida de sus habitantes. Durante los meses de verano, la población de Benidorm puede llegar hasta 400,000 personas, lo que genera presión sobre los servicios públicos y la infraestructura.
A pesar de estos retos, Benidorm sigue siendo un ejemplo de planificación urbana y adaptación al mercado turístico. La ciudad ha recibido reconocimientos por su enfoque sostenible y su capacidad de innovación, siendo un laboratorio urbano que puede enseñarnos mucho sobre el futuro del turismo.
Hoy en día, Benidorm no solo es un destino de verano. Con una oferta vacacional diversificada, se ha consolidado como un lugar atractivo durante todo el año. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿hasta dónde y cómo quiere crecer Benidorm?

