
Crece la tendencia de alquilar en countries y barrios cerrados
El fenómeno que ha transformado el mercado inmobiliario argentino en los últimos años es el creciente interés por el alquiler de viviendas en countries y barrios cerrados. No solo ha aumentado el número de habitantes y desarrollos, sino que también se ha consolidado una propuesta que atrae especialmente a la clase media.
Según un informe de la Fundación Tejido Urbano, este alquiler representa un segmento emergente del mercado habitacional. Su crecimiento se basa en una combinación de factores productivos, patrimoniales y simbólicos, y redefine las formas de habitar entre la ciudad y el área suburbana.
Esta expansión del alquiler también refleja una nueva forma de diferenciación dentro de la clase media. Para aquellos que no pueden acceder a la propiedad, residir en un barrio cerrado se convierte en un signo de estatus, una manera de mantener su posición social en un contexto donde se ha perdido el horizonte que los ubica como propietarios.
¿Quiénes eligen vivir en barrios cerrados?
“El alquiler en barrios cerrados revela una transformación profunda de la geografía social metropolitana”, explica Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano. “La búsqueda de rentabilidad por parte de los propietarios, la necesidad de estabilidad por parte de los inquilinos y la segmentación del mercado convergen en un proceso que configura el acceso a la vivienda”.
El perfil de la demanda incluye principalmente adultos mayores y familias con hijos, que buscan tranquilidad, entornos verdes y servicios. Esta tendencia también impulsa el interés por las segundas viviendas en alquiler. Muchos de ellos conservan una propiedad en la Ciudad de Buenos Aires como vivienda satélite o punto laboral, o la alquilan temporalmente mientras residen en el country.
Esta dinámica genera, a su vez, viviendas vacías en la ciudad, reservadas para un eventual retorno o para acompañar el proceso de emancipación de los hijos.
Costos y dinámicas del mercado de alquileres en countries
Los precios de alquiler varían según el período contratado. En el caso de los alquileres estacionales, durante la temporada de verano, los precios pueden oscilar entre semana, quincena y mes, siendo generalmente más elevados. Para los alquileres anuales, se pueden acordar precios entre ambas partes.
En Pilar, por ejemplo, una casa de cuatro ambientes con piscina en un barrio sencillo, sin amenities, tiene un alquiler mensual anual que oscila entre US$ 1200 y US$ 1500; mientras que los alquileres de temporada pueden llegar a ser mensuales de US$ 2500 y US$ 3000. Según informa Haydée Burgueño, de la inmobiliaria homónima que opera hace más de 30 años en la zona.
En el corredor Canning-San Vicente, el mercado está activo. Mariano Saleh, presidente de la desarrolladora y comercializadora ESV Propiedades, menciona que “las casas de tres y cuatro ambientes en contratos de dos a tres años valen entre US$ 1200 y US$ 2000″. También aclara que durante los meses de diciembre y febrero los precios mensuales pueden duplicar o triplicar los de alquileres anuales, superando los US$ 3000 y 6000 por mes en casas con pileta.
Este fenómeno en el alquiler de viviendas en countries y barrios cerrados es un reflejo de un cambio en las preferencias de la clase media argentina, que busca calidad de vida y seguridad en entornos más tranquilos.
Fuente: Liliana Carbello

