
Crearon en Córdoba una impresora 3D que construye casas de barro
Dos emprendedores desarrollaron Barrobot, una impresora 3D capaz de construir viviendas con tierra, arena y fibras naturales. El sistema apunta a reducir costos y tiempos de obra, ofreciendo una alternativa sustentable frente al déficit habitacional.
En un pequeño taller de San Javier, en el valle cordobés de Traslasierra, comenzó a tomar forma una tecnología que busca combinar una técnica milenaria con herramientas de última generación. Allí nació Barrobot, una impresora 3D de gran formato diseñada para construir viviendas utilizando barro y otros materiales naturales, una innovación que sus creadores presentan como la primera de este tipo desarrollada en Sudamérica.
El proyecto fue impulsado por los emprendedores Agustín Gore y Gustavo Mutio, quienes comenzaron a trabajar en la iniciativa luego de la pandemia con una idea clara: **aprovechar recursos disponibles en cada región para fabricar viviendas de manera más rápida, eficiente y con menor impacto ambiental.**
“Siempre me quedó la pregunta de por qué la bioconstrucción no escalaba, siendo un material tan noble y con tantas ventajas. Cuando vimos las impresoras 3D de cemento pensamos: ‘Esto hay que aplicarlo al barro’”, cuenta Gore.
A diferencia de la mayoría de las impresoras 3D para construcción que utilizan hormigón, este sistema emplea una mezcla compuesta principalmente por arcilla, arena, agua y fibras vegetales, a la que pueden incorporarse otros materiales orgánicos según las características del suelo de cada zona.
El diseño tipo panal de abeja reduce el uso de material y mejora el aislamiento térmico.
CÓMO FUNCIONA
La máquina trabaja de manera similar a una impresora 3D convencional, aunque a escala arquitectónica. Guiada por un plano digital, desplaza un cabezal que deposita la mezcla capa por capa hasta levantar los muros de la vivienda. El proceso reemplaza la colocación tradicional de ladrillos y elimina la necesidad de utilizar encofrados.
Uno de los aspectos que destacan sus desarrolladores es la portabilidad del sistema. La estructura puede montarse y desmontarse en aproximadamente un día, lo que facilita su traslado hacia distintas obras o localidades alejadas de los grandes centros urbanos.
Actualmente puede imprimir construcciones de hasta 80 metros cuadrados, aunque el primer prototipo desarrollado fue un domo de 28 m² y siete metros de diámetro.
MENOS MATERIAL Y MEJOR AISLACIÓN
Más allá del proceso de impresión, una de las principales innovaciones está en el diseño de los muros. En lugar de generar paredes completamente macizas, el software diseña estructuras internas inspiradas en formas presentes en la naturaleza, similares a los panales de abejas. Ese entramado crea cámaras de aire que permiten utilizar menos material y, al mismo tiempo, mejorar el aislamiento térmico de la vivienda.
Según sus desarrolladores, esta configuración puede reducir el consumo de mezcla en torno al 40% respecto de un muro sólido y contribuir a mantener temperaturas interiores más estables tanto en verano como en invierno. Además, durante la impresión pueden incorporarse conductos para instalaciones eléctricas, cañerías y otros elementos, evitando trabajos posteriores sobre las paredes.
UNA ALTERNATIVA PARA AMPLIAR LA OFERTA DE VIVIENDAS
El desarrollo apunta a un mercado que busca nuevas soluciones para reducir costos y tiempos de obra. Según Gore, las primeras pruebas muestran una reducción significativa en los tiempos de construcción y en la mano de obra necesaria frente a la bioconstrucción tradicional, aunque aclara que esos resultados todavía deben validarse en obras a escala real.
“Si este sistema no mejorara los costos y los tiempos de obra, no nos dedicaríamos a esto”, comentó a Clarin propiedades. Sus impulsores sostienen que el objetivo no es reemplazar los sistemas tradicionales de construcción, sino sumar una tecnología capaz de industrializar la bioconstrucción y facilitar el acceso a viviendas sustentables.
“Nuestra idea siempre fue dar una solución habitacional; no queríamos imprimir macetas o esculturas, sino viviendas”, afirmó Gore. Y agregó: “Hoy estamos en condiciones de construir casas reales”.
Entre los modelos que evalúan figuran la fabricación de nuevas impresoras para vender a municipios, cooperativas o desarrolladores, además de ofrecer el servicio de impresión de viviendas y capacitar operadores en distintas provincias.
Además del interés que despertó en Argentina, el proyecto comenzó a recibir consultas desde el exterior. Según Gore, universidades extranjeras manifestaron interés en enviar estudiantes para conocer el desarrollo y sus creadores evalúan distintos caminos para financiar el crecimiento, entre ellos la venta de impresoras, la capacitación de operadores y la incorporación de inversores.
“Hemos tenido interés de universidades extranjeras que quieren enviar alumnos a aprender lo que hacemos”, aseguró.

