
Compró una isla de Seychelles por solo US$273.000, la pudo vender por US$50 millones pero dijo que no
El dueño plantó más de 16.000 árboles autóctonos y liberó 120 tortugas en el territorio.
La isla Moyenne, en Seychelles, tiene 0,4 km de largo y 0,3 km de ancho, con una altura máxima de 61 m sobre el nivel del mar. En 1962, Brendon Grimshaw, un periodista británico de apenas 37 años, adquirió una isla desierta en Seychelles. El territorio, denominado Moyenne, costaba £8000, aproximadamente €230.000 actuales (US$273.000), y llevaba medio siglo deshabitado.
Su primer acercamiento con el país fue durante unas vacaciones, mientras trabajaba como editor en uno de los periódicos más importantes de África. Fue ahí que se replanteó el rumbo de su vida: decidió dedicarse a la naturaleza, especialmente a una de las 115 islas que posee Seychelles en el Océano Índico, abandonada desde 1915, en la que vivía únicamente una familia de pescadores.
Grimshaw no trabajó solo, sino que contó con la ayuda de René Antoine Lafortune, el hijo de un pescador local. El trabajo de investigación fue arduo: estudiaron qué especies eran locales para comenzar una reinserción. A su vez, podaron y abrieron senderos a lo largo del territorio, se encargaron de controlar la plaga de ratas y reforestaron. Su objetivo era claro: preservar el espacio de las explotaciones humanas, vivir en su paraíso y garantizar la preservación de su ecosistema a futuro.
Durante 40 años, Grimshaw y Lafortune plantaron más de 16.000 árboles de diferentes especies autóctonas, cada uno con una razón de ser: recuperar la humedad, mejorar el suelo, resistencia, refugio o fuente de alimento.
Pero la flora no fue lo único que recuperaron. Transportaron casi 120 tortugas y las liberaron por la isla, incluidas las tortugas gigantes de Aldabra, que estaban en peligro de extinción, pero actualmente han cambiado a un estado vulnerable. A su vez, la restauración del área atrajo más de 200 especies de aves.
Las ofertas millonarias que recibió
La recuperación del espacio natural provocó que diferentes personas a lo largo del mundo conozcan Moyenne, y atrajo a inversores que ofrecieron sumas inimaginables para que Grimshaw venda su proyecto de vida. Sin embargo, ninguna oferta fue suficiente, ni los US$50 millones que le ofreció un príncipe saudí.
Los esfuerzos rindieron sus frutos: la isla fue declarada parque nacional en 2009, tras la muerte de Lafortune. Actualmente, el territorio posee un cementerio, una iglesia y un restaurante. El aforo diario está controlado: nunca recibe más de 50 turistas al mismo tiempo, y nunca superó los 300 visitantes durante el día.
Los turistas disfrutan no solo del espacio y la naturaleza, sino también de las leyendas locales de la isla, como un tesoro escondido enterrado por un grupo de piratas y apariciones de fantasmas.
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