
Cómo es el edificio del JP Morgan donde estuvo Javier Milei en Nueva York que fue diseñado por Norman Foster
El arquitecto británico reinventó el concepto de rascacielos con el edificio diseñado para el banco que, además, es el sexto más alto de Nueva York.
La sede del banco de inversiones JP Morgan Chase fue diseñada por Norman Foster. La línea del horizonte de Manhattan (Nueva York) tiene un nuevo coloso. Es alto (423 metros), luce piel morena (como tostada por el sol) y se alza de forma elegante (232.000 metros cuadrados). En el 270 Park Avenue, la sede del banco de inversiones JP Morgan Chase diseñada por Norman Foster, ahora domina el Midtown. Este edificio fue donde hace pocas horas el presidente Javier Milei inauguró el Argentina Week, la semana que promociona al país para atraer capitales.
En el centro de la ciudad, la torre anterior, demolida, albergaba las oficinas de la compañía química Union Carbide. Construida en 1961 por el estudio SOM, en concreto por la proyectista Natalie Griffin de Blois, representaba el estándar de la arquitectura corporativa estadounidense de aquellas décadas. Una monótona y banal repetición de acero y cristal en altura. Hoy 270 es el sexto rascacielos más alto de Nueva York.
Norman Foster y su equipo ganaron en 2018 el concurso para diseñar las oficinas centrales del banco. Desde su inauguración, a finales de 2025, tuvo un recibimiento desigual: quienes advierten la maravilla y quienes dudan de su sostenibilidad y el encaje sobre el horizonte. Algo inédito en la trayectoria del, quizá, arquitecto más trascendente de los últimos 60 años.
El 270 Park Avenue se eleva en la planta baja unos 24 metros a partir del suelo. La estructura emerge desde el terreno mediante un sistema de grandes pilares, los cuales semejan abanicos (¿un guiño español?), que más tarde se arriostran (refuerzan) de manera triangular. Su estructura en voladizo, revestida de bronce (de ahí el “moreno”) ofrece dos veces y media más espacio público en la base –incluido un jardín– que su predecesora. Foster ha conseguido en el vestíbulo crear una especie de ágora griega. Un lugar de pensamiento, calma y lentitud, y no del discurso acelerado del dinero.
La altura del hall y el mármol travertino beis ayudan a la sensación. Al elevar el suelo logra una vista continua desde la entrada de Park Avenue hasta Madison Avenue. Es una forma, además, de salvar el ferrocarril que transita por el subsuelo. El edificio vuela con esa retícula acabada en bronce que resalta frente a los muros cortina de vidrio. Es un proceso singular. Al irse retranqueando a medida que crece en altura, proyecta una visión más escultórica. Uno escribiría que recuerda una obra habitable del escultor Richard Serra, amigo de décadas del propio Norman.
Es un espacio para la presencia física de 10.000 personas. El teletrabajo no cala en la dirección. Algunos empleados reclamaron una opción híbrida. “Me da igual cuánta gente firme esa demanda”, fue la respuesta de Jamie Dimon, director ejecutivo de JP Morgan Chase. El edificio funciona con cero emisiones netas y con suministro del 100% del sistema hidroeléctrico.
Si se quiere entender bien el rascacielos, las imágenes deben estar respaldadas por palabras. La torre se compone de siete piezas escalonadas que se engrosan en el centro. Las tres secciones centrales –los 90 metros superiores, aproximadamente– culminan con una serie de espacios para eventos y un ático revestido con 1,5 millones de luces led. El acristalamiento es triple, hay terrazas exteriores y la iluminación es circadiana para adaptarse a las horas del día. Y más. Ciclismo –una pasión del proyectista–, servicios médicos, yoga, salas para madres y espacios de meditación.
El 270 Park Avenue es hoy el sexto rascacielos más alto de Nueva York. “El refuerzo de acero del hormigón es casi todo reciclado, y el 40% de ese material de la superestructura fue sustituido por vidrio molido.” Un ahorro de 5000 toneladas de carbono y también se recicló el aluminio del acristalamiento, describe Norman Foster.
Por Miguel Ángel García Vega. Ver nota original

